Camposanto
Una mirada a México y a la fusión más chida
En Camposanto se mira a México, pero no solo. Resulta motivador que la gastronomía mexicana sea Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO y desde este punto de partida, el del respeto absoluto por la cocina tradicional de este país, se puede crear un mundo de nuevos sabores. ¿A quién le apetece saborear la fusión más chida? Pues el sitio es Camposanto.
Para elaborar el guacamole se mira a la tradición. Eso sí, no hay problema para combinarlo con piparras vascas, mejillones en escabeche y su salsita texturizada. Incluso se va un poco más allá al maridar el aguacate con chicharrón frito crujiente de cerdo soriano.
A las empanadillas le tienen muy bien cogido el punto y cada semana aparecen de un sabor diferente. En Camposanto se siente que la carta está viva. Por supuesto, se pueden probar unos nachos caseros, pero la salsa multiquesos combinada con cebolla caramelizada, miel de flores y polen se eleva hacia otra dimensión culinaria.
Por qué no mirar a Galicia en forma de churrasco de res y queso patamulo, o a la India para disfrutar de su versión de pollo tikka masala con queso tierno fundido. No hay fronteras en Camposanto. Eso sí, donde más se transmite el concepto de fusión es en los tacos elaborados con secreto de cerdo de Teruel, rabo de toro desmechado o longaniza fresca. Hay que atreverse a probarlos. A los apasionados de la cochinita pibil también se les hace un hueco, pero al mismo tiempo pueden elegir, por ejemplo, un taco crujiente de atún acevichado con algas wakame.
Para los nostálgicos de Quebradora ahí está burrito que tanta fama dio al anterior local. Y qué decir de las cazuelas de arroz meloso. Pura fantasía alrededor del pulpo con achiote, rejos fritos y burrata, o del pato acompañado de foie, maíz dulce y trigueros asados.
El momento dulce llega de la mano de uno de los postres más sorprendentes: la torrija de cruasán, helado de caramelo salado y petazetas de chocolate. Pura fantasía.


