Con un aire parisino,  colorido y floreado

 

Tras la última reforma Vuelve Santiago tiene un aire parisino, colorido y floreado. Es lo que dicen muchos clientes que a diario se acercan a la popular cafetería de Zaragoza. En sus vitrinas, pinchos, montaditos y cazuelitas invitan a zaragozanos y turistas a hacer un alto en el camino.

Ahora se llama Vuelve Santiago para reivindicar que es algo así como una parada, un descanso, algo previo frente al Pilar; como si de una peregrinación se tratase, como regresar a Santiago de Compostela. Eso es esta cafetería: lugar de paso, refugio, cariño y encuentro.

Los cambios se ven desde fuera. La espectacular fachada se ha pintado de rojo, conservando la tipografía tan de moda en los 70. Y en el interior, se combina el respeto por los elementos característicos que daban sabor al local. Al mismo tiempo, se ha ido modernizando creando un ambiente más sofisticado. Eso sí, el magnífico mural de Galdeano sigue luciendo en el interior desde 1971.

Hay algunas mesas altas y cómodas sillas para que los clientes decidan cómo quieren que sea la estancia, más corta o más larga. La oferta culinaria ha crecido y da de sí para quedarse un buen rato. Una gran vitrina de dos pisos llama la atención nada más entrar. A los clientes enseguida se les va la vista hacia las tapas, raciones y vinagrillos.

Están las croquetas de siempre, de jamón y bacalao, pero se han incorporado otros sabores como la borraja. Además, hay que acercarse a la hora del vermú y probar sus afamadas gildas de Bombas, Cohetes y Lagartos de Vallekas y, por supuesto, la novedosa versión del popular ‘guardia civil’. La ensaladilla rusa se sirve en pequeños tarros individuales y entre el muestrario de bocadillos destaca el de jamón ibérico con pan de cristal.

La barra no deja de crecer con cazuelitas y un recetario versátil que encaja a cualquier hora del día. Este es el espíritu de Vuelve Santiago, donde tradición y modernidad ofrecen momentos inolvidables en pleno corazón de Zaragoza.