Zurracapote
Un bar histórico que mira al futuro
El histórico bar Zurracapote empezó a escribir una nueva página de su historia poco antes de la pandemia. Después de estar varios años cerrado, se ha creado un espacio acogedor en el que la pintura, la música y la literatura tienen cabida. Además de la gastronomía, por supuesto.
Dina Defrança es una apasionada de los quesos y ahí ha puesto el foco, en unas tablas que miran a muchas partes del mundo, con especial atención a los de la Sierra de Albarracín.
También se ofrecen tablas de embutidos, con una cecina curada por un carnicero de Cetina, y alguna ensalada, como la de tomate, ventresca y gulas. A la hora del vermú hay que probar la salmuera con unas gotas de vodka, que se presenta sobre hielo picado, y las croquetas caseras.
Una receta que se trabaja habitualmente es el codillo asado elaborado como se hace en Alemania. Eso sí, no va acompañado de chucrut, sino de patatas a lo pobre. Por encargo también se prepara paleta de cerdo asada, rellena de manzana y ciruela, con miel y mostaza.
Además de la copa de zurracapote y de estos platos de la carta, otra seña de identidad es su apuesta por la pintura, la música y la literatura. Hay clientes que pintan y exponen sus trabajos, y de vez en cuando también suena la música en directo.
En cualquier caso, lo más interesante de este bar es la sensación de lugar agradable y rocero donde apetece estar. A ello contribuyen un rincón con cómodas butacas y la buena insonorización del local.


