Asador los Cántaros
Familia y memoria sobre la parrilla
La cocina no es solo un oficio. Es emoción, es familia, celebración y memoria. De todo ello hay en El Asador Los Cántaros, al frente del que se encuentran los hermanos Cabañero, Mario, Pablo, Víctor y Óscar. El negocio familiar lo cogieron tras el repentino fallecimiento de su padre, José María, y han conseguido levantarlo y hacerlo crecer.
Ellos han asumido el reto de mantener este negocio hostelero. Su pasión por la gastronomía y el respeto por la tradición les han llevado a innovar en la cocina, fusionando técnicas de siempre con nuevas propuestas, y a renovar las instalaciones para ofrecer una experiencia aún más acogedora.
La apuesta es por la excelencia. El punto de partida es el culto que se le rinde a la brasa y al producto noble. El chuletón de vaca vieja de Burgos es un buen ejemplo, una joya de sabor profundo y carácter auténtico. Madurado con paciencia y cocinado sobre la brasa con mucho respeto y conocimiento. Esa es una de las claves. Los hermanos Cabañero tienen asimilado el secreto de un buen fuego y lo transmiten a muchos platos de la carta.
Por supuesto, por la parrilla también pasan las chuletas de Ternasco de Aragón, que también se ofrece asado al horno; el cabrito y despieces de ternera como churrasco, entrecot y solomillo. También hay chuletones especiales como la quinta costilla de Angus. Además, los amantes de la caza tienen su rincón alrededor de codornices a la parrilla o de perdiz escabechada.
En fin, que se mima el producto, como la picaña de Angus madurada, que solo necesita un toque de sal para evocar una experiencia sublime. Otro producto singular es la chuleta de cerdo de latón de La Fueva, y entre las sugerencias del chef figuran las sopas de ajo y de pescado, dos clásicos que no pasan de moda.


