Raíces aragonesas y toques de vanguardia junto al Ebro

 

El barrio Jesús, junto al Ebro y frente al casco histórico de Zaragoza, es uno de esos lugares que guardan el alma de la ciudad sin hacer mucho ruido. En él está el restaurante El Molino de San Lázaro, donde David Añaños y Daniel Cascán apuestan por la fusión de la gastronomía tradicional de raíz aragonesa con los más novedosos toques de vanguardia. Y lo hacen en un edificio con mucha historia, un antiguo molino de piedra del siglo XVIII.

La propuesta culinaria se centra en dos opciones a precio cerrado: las fórmulas mediodía y especial del fin de semana. La primera puede considerarse una pequeña carta. Hay ocho opciones para elegir, pero no importa tanto el número como los ingredientes y el nivel de cocina. Entre los entrantes, se mira a la temporada con recetas como las verduras en tempura con asadillo cremoso o las pochas en salsa verde con cococha de merluza y hummus.

Hay platos con un punto más de elaboración como manitas de cerdo deshuesadas rellenas de guiso de setas y gyoza de langostinos. Además, las croquetas de jamón ibérico son una apuesta segura. Llevan en el restaurantes desde que abrió sus puertas, así que están más que testadas.

La fórmula del fin de semana, también disponible por la noche, se inicia con cuatro platos al centro seleccionados de la misma carta a precio cerrado. Luego se eligen el principal y el postre.

Este restaurante ofrece menús cerrados y cuenta con salones para banquetes y hasta discoteca, lo que lo convierte en el lugar ideal para cualquier celebración: bodas, bautizos, comuniones, eventos de empresa o reuniones de grupos. Durante el verano, su terraza al aire libre permite disfrutar de la gastronomía en un ambiente más relajado y con unas vistas excepcionales.