Una mirada a la cocina libre y sin encorsetar

 

Cocina viajera e internacional pero pegada a las raíces españoles, con mucha técnica pero sin perder de vista el producto. Esta es la receta del restaurante El Windsor, un establecimiento con mucho encanto donde se miman los vinos naturales y diferentes estilos cerveceros.

La propuesta es informal, para comer con cubiertos, pero también con palillos o con las manos, sin el encorsetamiento de un servicio tradicional. El guao bao de calamar bravo es un buen ejemplo de esa cocina del mundo con aire local, un guiño al zaragozano calamar bravo de toda la vida, pero con chipirones rebozados con alioli de miso y siracha para darle el punto picante.

Las gyozas (empanadillas japonesas) rellenas de sepia, longaniza o pato a la naranja encajan con la idea de compartir a la mesa, lo mismo que productos tan especiales como la mortadela de Bolonia con trufa o la espectacular cecina artesana de León.

En cuanto a las carnes, se trabajan a la brasa. Hay mucho nivel en las propuestas de lomo clandestino de vaca vieja, lagarto ibérico, tuétano con katsuobushi, longaniza criolla o en el surtido de salchichas alemanas artesanas. También se ponen sobre la brasa el salmón y la corvina, y se les hace un hueco especial a las gambas de cristal de la Bahía de Cádiz y a la gamba blanca de Huelva. Una ración muy especial es el ceviche de corvina.

El Windsor ofrece la posibilidad de disfrutar de algunos de sus platos más emblemáticos de la mano de un menú degustación que incluye su afamada croqueta fluida de kemchee, rollito tailandés, el gua bao de calamar bravo, arroz chaufa salteado al wok con pollo y verduras al estilo peruano, lomo de vaca clandestino y helado artesano.