Versátil e informal carta de intenciones

 

Desde que abrió sus puertas en 1996, el paso del tiempo fue conduciendo al restaurante bocatería La Factoría a lo que es en la actualidad. Su carta lo resume: una propuesta informal en la que encajan raciones, bocadillos, ensaladas, tostadas, sándwich y carnes a la brasa.

El pan de los bocadillos sale recién horneado y ahí reside uno de sus secretos. El de solomillo de cerdo con cebolla caramelizada o salsa de setas es uno de los más demandados, junto al de jamón a la plancha con huevo frito y pimientos del piquillo. En cuanto a las ensaladas, la de Begoña (tomate, queso fresco, pollo, beicon y salsa tártara) es muy especial. También la de ventresca con cebolla, pimientos del piquillo y tomate rallado.

Entre las raciones, también hay clásicos, como los champiñones rellenos de paté y mozzarella gratinados. Y las patatas bravas o fritas con salsa a elegir (muselina de ajo, tártara, picante o mayonesa) tienen una legión de seguidores.

Pero el mayor atractivo y tirón de La Factoría lo ejerce su brasa y las carnes que pasan por ella. Costillas de ternasco de Aragón; costillar de cerdo, que se presenta con salsa barbacoa, y entrecot, son algunas de las referencias que más se trabajan. La versatilidad de la carta llega de la mano de media docena de tostadas.

Así es como este restaurante ha ido construyendo su historia y su presente en el que tienen cabida jóvenes, mayores, amigos y familias alrededor de una propuesta gastronómica adaptada a gustos diferentes, pero con un sello muy aragonés.