El hogar de Cariñena donde se vende lo que se siente

 

La Rebotica es sinónimo de hogar, de casa y de la sonrisa de Clara Cros Lacal y del resto del equipo de este restaurante ubicado en el corazón de Cariñena. El espacio cautiva de primeras y la cocina remata la experiencia en la mesa.

El nombre, La Rebotica, da pistas de su pasado más lejano: se ubica en una antigua farmacia, de la que todavía se guardan probetas, frascos de medicinas o etiquetas, entre otras antigüedades de laboratorio. Tal vez por esa razón su propuesta sienta como un bálsamo gastronómico.

A Clara le gusta volver atrás, a los guisos, que es como nació La Rebotica, alrededor de una cocina aragonesa tradicional, pero actualizada. Ella vende lo que siente. La borraja se trata con mucho mimo, incluso elaborada con la ginebra Vínica de Cariñena, una fusión perfecta entre tradición aragonesa e innovación gastronómica.

“Volveremos a comer el ternasco”. Esta frase se repite entre muchos clientes. Ya sea el tajo bajo cocinado a baja temperatura, unas costillas con patatas o el clásico asado al horno que no defrauda.

En la carta, y en muchas ocasiones en el menú del día, triunfa la ensalada de longaniza asada y cebolla dulce estofada. Y una mención especial merecen el bacalao gratinado al ajo tostado y las albóndigas estofadas con salsa de ciruela y cebolla. Recetas clásicas de esta casa que lucen perfectamente en cualquier menú de celebración. Y qué decir de los postres, caseros, como la mousse de café con misterio o de galletas Lotus y la tarta de queso.

Estando en Cariñena y en La Rebotica, con el vino local se brinda, pero también se cocina. Por ejemplo, en los caldos de los guisos o para hacer un sorbete.