La Scala
De trabajo o celebración, la versatilidad marca estilo
Cuando en Zaragoza se piensa en un restaurante céntrico para quedar bien en una comida de trabajo, en una cita de pareja o en un encuentro familiar o de amigos, La Scala siempre aparece muy arriba en el listado de posibles opciones. La tranquilidad en la sala, el ambiente confortable y una carta y unos menús que se adaptan a todo tipo de gustos son la combinación perfecta.
Hay muchas formas de medir el valor o el punto fuerte de un restaurante, dónde está ese detalle que lo hace especial y que sea diferente al resto. En La Scala está claro. Son la versatilidad y la capacidad de adaptarse a cualquier propuesta las que marcan su trayectoria y permiten llegar a un público amplio.
Sus comedores acogen a más de cien comensales. En la planta calle hay dos salones para 25 y 45 personas. Y, en la baja, esta oferta se complementa con un privado con capacidad para 30, perfecto para celebraciones, cenas de empresa o cualquier evento.
En el día a día, son los competitivos menús de trabajo y de temporada los que definen el rumbo y la dirección, y al mismo tiempo ejercen de atractivo reclamo. Sin ellos nada sería posible. En la cocina de La Scala se guisa mucho, combinando colores, sabores y texturas, de forma que los acompañamientos del ingrediente principal aporten un equilibrio o un contrapunto.
Lomo de salmón con crema de espárragos; arroz cremoso con guiso de mejillones; berenjena asada con crema de queso azul y crudite de verduras… En cada receta siempre hay un detalle que sorprende. También se puede optar por ir a lo seguro de la mano de una carta que ofrece opciones como tempura de verduras y langostinos con salsa de soja o steak tartar.
Para el colofón hay varias opciones, aunque una de las especialidades es la tarta de manzana con helado de vainilla. Sin olvidar la bodega y su apuesta por los muchos y bueno vinos que hay en Aragón.


