Emboca
Un espacio donde pasan cosas a todas horas
Emboca no es un restaurante. Más bien es un espacio donde desde media mañana hasta bien entrada la noche suceden cosas vinculadas a la gastronomía y a la idea de salir y estar al aire libre. Por lo tanto, cuando el tiempo acompaña, es cuando más se disfruta.
La versatilidad es la marca de la casa teniendo como horizonte visual más próximo el campo de golf y la vegetación del cauce del río Ebro; a la izquierda, la imponente presencia de la Torre del Agua y, a la derecha, los cortados de Juslibol.
Cualquier hora es buena para tomar el vermú en mesas altas de acero junto a olivos centenarios; pedir un plato del día para degustar rápido y volver a trabajar; comer a mediodía alrededor de varios menús o sugerencias; alargar la sobremesa y transformarla en tardeo junto a una copa bien puesta; picar algo a media tarde, o cenar y estirar la noche un rato más. Esta es la esencia y el espíritu de Emboca.
En la parte central está el comedor acristalado con paredes totalmente abatibles, así que en invierno es un espacio perfectamente aclimatado y, en verano, se convierte en una terraza más. Al fondo, se encuentra la terraza al aire libre más amplia, con mesas, sillas, sombrillas y ventiladores. En ella también tiene mucho protagonismo la parte vegetal. Desaparecen los olivos y entran en escena las moreras que se iluminan por la noche.
La oferta culinaria es amplia y pensada para no complicarse demasiado la vida. La brasa es la herramienta estrella de la cocina, con despieces como lagarto ibérico o salmón. Para una comida más larga y reposada hay varios menús.
En la carta se pueden encontrar tanto versiones de recetas legendarias como fórmulas renovadas, donde el producto es el eje central sobre el que pivota todo. ´Cocinamos como las abuelas, servimos como los nietos`. Este es el lema de Emboca.



